IV
El padre Simeon se adentró rapido en los museos vaticanos, mientras que el camarlengo se apresuraba en seguirle el paso. "nos ha visto, el padre nos ha visto" el camarlengo no paraba de repetir lo mismo mientras apretaba los puños e intentaba controlar su respiración, vio como el padre Simeon se metió a la primera oficina al lado de una de las entradas del museo, antes de entrar se detuvo y tomó aire, luego cruzo el umbral.
Sentado en el escritorio de la pequeña oficina estaba el cardenal Strauss quien miró con sorpresa al camarlengo y luego volvió la mirada al Padre Simeon.
-Padre, llevo esperando aquí más de 10 minutos, créame que en estos momentos no estamos para perder el tiempo - Dió una mirada reprobatoria al padre y volvio a mirar a Patrick - Camarlengo usted tampoco debería estar perdiendo el tiempo aquí.
-Yo.. - Comenzó Patrick pero el padre Simeon lo interrumpió.
-Disculpeme cardenal Strauss pero me demoré justamente porque buscaba algo que corroborara lo que he venido a hablarle y por suerte lo encontré - miro de reojo al camarlengo y se sonrió.
-Hable pues - Le respondió Strauss impacientandose.
-Recuerda lo que le comente hace unos dias?.
Strauss molesto se levantó del asiento -No estoy aqui para más habladurias padre Simeon, Patrick tu estabas al tanto de eso? - Miró al camarlengo. Patrick estaba mareado, acalorado y demasiado nervioso para reaccionar con rapidez "habladurias, habladurias?".
-No señor - Dijo por fin el camarlengo.
Robert estaba terminando de ordenar su maleta, abrió el cajón del velador y tomó la llave de la habitación del camarlengo, la miró un momento mientras la sostenia en su mano y la guardo en el bolsillo de su chaqueta.
Solo con una pequeña maleta Robert Langdon se acercó a la puerta del estado mas pequeño del mundo, los guardias vaticanos se hicieron a un lado y el profesor salió.
-Señor Langdon - Chatrand lo saludó y luego se le acercó - Señor permitame llevarlo a su destino - abrió la puerta del fiat negro y con la mano lo invitó a subir.
-Gracias - Langdon se subió y le indicó la dirección del hotel Bernini.
El cardenal Strauss volvió al escritorio y se sentó nuevamente.
-Esto es muy grave Patrick, y espero que aclaremos este mal entendido ahora.
-Que mal entendido? - Preguntó el camarlengo temiendose lo peor, pero eso era casi imposibl,e habian sido muy cuidadosos, por lo demás se habian visto tan poco que...
-Que descaro! - El padre Simeon habia dado un golpe con la palma de su mano en el escritorio y se giró para mirar al camarlengo a su lado. -Lo he visto señor camarlengo- Dijo arrastrando la última palabra.
-Lo he visto con el profesor, he visto como se hablan al oido y he visto como se miran y...
-Padre Simeon! se da cuenta de lo que dice, eso..
-Pregúntele, el no lo podrá negar y lo que vi hoy, lo que vi me lo confirma todo - Terminó mirando a Strauss victorioso, esperando para dar el golpe.
Patrick estaba inmovil mirando a la nada, con la vista fija en la pared gris a espaldas de Strauss, sudando frio, lleno de miedo y verguenza.
- Los vi juntos en los mismisimos jardines! y no se atreva a negarlo - le dijo casi en un susurro, amenazante.
-Patrick? - Strauss estaba sin palabras, lo que acababa de escuchar era horrible para él y para la imagen del vaticano.
-Es.. es cierto - El camarlengo estaba aguantando no desmoronarse ahí mismo, apoyó ambas manos en el escritorio y bajó la cabeza frente a Strauss - No lo entiendo, no.. no entiendo lo que siento.
Patrick no pudo impedir que una lagrima cayera al escritorio del cardenal.
-Muchacho, estas bajo mucha presión estos dias, cualquier forma de apoyo en estos momentos te confunde, lo mejor que puedes hacer es olvidarte de todo y descansar unos dias en soledad, debes meditar en lo que has hecho Patrick, eso no esta bien y lo sabes. - El viejo cardenal le palmeó la cabeza de forma paternal.
-Lo sé cardenal, me disculpo por todo esto - Patrick se enderezó y se limpio la cara con una mano, estaba colorado y con los ojos humedos.
-No puede irse sin un castigo... cardenal - El padre Simeon no entendía como el viejo cardenal habia sido tan blando después de semejante confesión, pero el se encargaría de no dejarselo pasar.
-El padre Simeon tiene razón Patrick, esto no fue una travesura de niños, si alguien más se llegara a enterar de algo así, sería terrible para la institución.
El camarlengo Patrick Mckenna asintió avergonzado - Estoy dispuesto a recibir cualquier castigo que estime conveniente.
-En estos momentos estoy muy acupado, de ahora en adelante yo me ocuparé del conclave. Padre, le dejó a usted esto y no exagere que por suerte no ha sido nada.
Al padre se le iluminó el rostro y asintió satisfecho, luego se dirigio a la puerta y se despidio para desaparecer de la vista de los presentes.
-Vaya a descansar camarlengo, tiene la tarde libre - El cardenal Strauss le hizo un gesto para que saliera y Patrick asintió y se dirigió a su habitación.